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«"Desordenes alimenticios y del sueño" habría sido un título, tal vez más apropiado para este libro, dadas las circunstancias en que se escribió. Pero los buenos títulos son los que vienen en sueños. Proust sospechaba ya algo de eso. El riesgo a ser atropellado es mayor de lo que la gente cree. Atropellado o víctima de un cáncer, a manos de un sádico o de hipotermia. O sea, si uno analiza las causas de mortandad puede llevarse una sorpresa. Y pretender permanecer ajeno al absurdo, dejar constancia de nuestra demencia, y hacerlo y continuar tan tranquilo es difícil, pero no el problema crucial. De acuerdo, ésa es una buena ruta (dejar testimonio, digo) pero no es la única. De todos modos la experiencia demuestra que todo puede ir a peor, lo que cuenta es que te importe lo suficiente. Que compense. Lo que quiero decir es que sí, muchos maestros, es cierto, pero al final las cosas verdaderamente importantes las contamos todos, desde el magnate hasta el limpiabotas, con los dedos de una mano. Si es que la conservas, -la mano, digo, claro-. Y no hay que olvidar -eso dice mi abuela- que lo importante, lo que realmente importa es dormir bien, ya no de un tirón o bien nutrido sino con la conciencia tranquila, en paz.»
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